
Como melómano, una de las cualidades que más aprecio de la música es su capacidad evocadora. Crear imágenes en el oyente sólo con sonidos. Está claro que determinados géneros musicales parecen más proclives a tener un efecto cinematográfico que otros, pero también depende en gran medida de la persona en cuestión. En mi caso -y creo que es algo común para buena parte de los oídos occidentales- la música de Oriente Medio o, en términos generales, “árabe”, es una de las que más fuertemente desarrolla este efecto. Lo exótico de las particulares escalas utilizadas nos llama la atención y hace imaginar esas ancestrales caravanas cruzando las dunas del desierto, o nos introduce en los sombríos pasadizos de una pirámide.

Karl Sanders
Karl Sanders sabe mucho de esto. Su afición por la egiptología es sobradamente conocida entre los seguidores del death metal gracias a su banda Nile, pero, ciertamente, una música tan extrema y agresiva elimina en gran parte el componente evocador de la misma.
Para dar otro enfoque a sus influencias, Karl Sanders inició hace unos pocos años su proyecto en solitario con el álbum Saurian Meditation, un trabajo absolutamente alejado del metal extremo de Nile, puramente ambiental y rico en instrumentación tradicional, aunque muy cercano a esos breves interludios atmosféricos característicos de su banda madre.

Karl en un concierto de Nile
Quizá el origen occidental de Karl Sanders y su experiencia como músico de metal dieron como resultado un disco que, sonando genuinamente egipcio, no se parecía demasiado a ninguna otra cosa llegada desde aquellas tierras. Él mismo reconoce que, lo que inicialmente podría ser visto como una limitación, puede acabar como inequívoca ventaja. “Siento un respeto inmenso por aquellos músicos orientales que tocan los instrumentos a la manera tradicional,” dice Sanders. “Por otra parte, la mayoría de mi desarrollo musical es occidental, con lo que no importa cuánto lo intente; nunca voy a sonar realmente auténtico con el saz. De modo que antes que intentar emular a esos grandes músicos, logro poco realista, prefiero tocar el saz de forma no tradicional, pero al mismo tiempo personal y única.”

Baglama Saz: uno de los instrumentos tradicionales utilizados en el álbum
En el nuevo álbum, Sanders ha ampliado sus miras, evitando ceñirse en exclusiva a la influencia egipcia y capturando en ocasiones ecos de zonas tan lejanas como el Tíbet o la India, aunque sin perder en absoluto su inconfundible estilo. Y es un trabajo más personal que el primero si cabe; si en aquél se encargaba de los instrumentos de cuerda, dejando las labores percusivas a diversos músicos invitados, en éste se encarga absolutamente de todo, con excepción de los cánticos y voces, labor de su buen amigo y colaborador Mike Breazeale. Estos cánticos funcionan básicamente como texturas de fondo, de modo que se puede considerar un disco instrumental.
Otra diferencia es que se trata de un álbum totalmente acústico, prescidiendo de las ocasionales guitarras eléctricas que aparecían en Saurian Meditation. Pese a ello, y en consonancia con lo que expresa el título, Saurian Exorcisms suena algo más agresivo y rítmico que aquél; también más oscuro, pero igualmente atmosférico y atrapante. La sólida percusión en apoyo de las diversas melodías creadas por flautas, teclados y diversos instrumentos de cuerda crea un ambiente muy ritualístico que trasporta a épocas pasadas.

Cara de malas pulgas la de Horus; no le ha debido hacer gracia que le despertemos de su plácido letargo
Creo que Saurian Exorcisms es un fenomenal disco que aúna el respeto al folk ancestral con una enfoque e interpretación muy particulares, como podrá atestiguar cualquiera que haya escuchado a Nile: suena a Karl Sanders y a ninguna otra cosa.
“Espero que la gente encuentre este disco relajante e imaginativo,” comenta Sanders. “Con frecuencia, escuchar esta música hace viajar a mi mente y mi imaginación. Me gusta la música así. Como una banda sonora, la escuchas y creas pequeñas películas en tu cabeza. Te lleva a un lugar diferente.” Puedo asegurar que conmigo ha ocurrido igual.
Pues nada, estreno los comentarios del nuevo blog xD.
Sabía de la existencia de esta faceta de Karl Sanders, pero me lo imaginaba más anecdótico. Si de verdad merece la pena que lo reseñes, y teniendo en cuenta lo que dices de él, parece que será necesario echarle un vistazo/ojeada para ver qué atesoran estos exorcismos lagartijeros.
Enhorabuena por ser el primero. Voy a estrenarme yo también xDD
Pues de anecdótico nada, se nota que hay muchísimo empeño y curro en esto. Otra cosa es que la propuesta te pueda atraer más o menos.
En éste no sé aún, pero en el primero además incluía unos comentarios muy extensos en el libreto sobre la creación de cada tema y la imagen o secuencia que pretendía emular con la música en cada uno de ellos. Muy curradete, ya digo.
Me alegro que te hayas pasado a WordPress, me gusta mucho más que blogger.
En cuanto al disco, tal y como has hablado de él me apetece escucharlo, ya que lo único que conozco de estas características es Orphaned Land y me encanta, no se si se parecerán o me estoy montando yo mi propia película….xD
@Joaquín: hombre, en nuestros oídos occidentales sí que puede sonar similar a algunas cosas de Orphaned Land. Igual para un músico de allí estoy diciendo una burrada xD
Estoy con ballener0. Habrá que echarle una oreja, que me ha entrado curiosidad.
Ya lo he oído, y, efectivamente, me había montado yo mi propia película. No se parecen en nada a Orphaned Land, si hay que buscarle algun parecido es, sin duda, a los grandísimos Dead Can Dance.
Por cierto, me ha gustado mucho, lo escucharé más veces para ratificarme y me haré con el primero. Eso si, completamente diferente a lo que hace con Nile.
@Joaquín: Hmmm… pues sí que tienes razón con lo de Dead Can Dance. Fíjate que no me había dado cuenta, pero es una buena comparación.