No podía estar más equivocado.
Office of Strategic Influence ofrecía una amalgama de sonidos electrónicos combinados con un trabajo de guitarra más bien simplote por parte de Jim Matheos (Fates Warning) y un Portnoy que se limitaba a tocar la batería sin influencia alguna en el resultado final. Para colmo, la voz de Moore me resultaba increíblemente insulsa, lineal y monótona.Ya sin las expectativas iniciales, y con una evolución como oyente que me hacía más susceptible de aceptar estas sonoridades frías y experimentales, le di una oportunidad a su siguiente trabajo,
Free, en el cual he de decir que, dentro de su irregularidad, encontré un par de temas relativamente brillantes.De todos modos me olvidé de esta banda durante largo tiempo, hasta que saltó la noticia de que en su tercer álbum, titulado
Blood y previsto para principios del 2009, iban a colaborar Mikael Åkerfeldt (Opeth) poniendo voz a un tema, y el extraordinario Gavin Harrison (Porcupine Tree) como sustituto de Portnoy detrás de la batería. Esto me provocó cierta curiosidad y decidí, años después, darle una nueva oportunidad a su debut. No voy a decir que me voló la cabeza, pero sí le encontré ciertas cualidades reseñables que mis gustos de antaño me impedían apreciar.En general el disco mantiene un gran nivel de principio a fin y la voz de Kevin Moore, sin salir de su monotonía característica, crea buenas melodías y se adapta muy bien al contexto musical reinante, aportando incluso un cierto aire hipnótico de lo más atractivo. Hay un buen equilibrio entre la electrónica -Terminal o We Come Undone ejemplifican esta tendencia- y el rock/metal de corte progresivo -The Escape Artist, False Start o Be the Hero-, procedente de la combinación de ideas de Kevin Moore y Jim Matheos, respectivamente. En un punto intermedio se encontrarían canciones como la propia Blood, muy lograda en su atmósfera, y Stockholm, en la que Mikael
Åkerfeldt nos regala una interpretación sobria pero muy emotiva, resultando en un agradable soplo de aire fresco frente a las voces predominantes en el resto del álbum.Un muy buen disco con una interesante dosis de experimentalidad, gran sonido y abarcando lo que personalmente considero las mejores ideas de sus dos trabajos previos. Buena excusa para iniciarse con esta banda o darle una nueva oportunidad aunque no os hayan llamado la atención sus anteriores entregas. Eso sí, que nadie vaya esperando al Kevin Moore de los tiempos de Dream Theater porque no lo va a encontrar.


Hm, he oído algo de esto y ya sólo por los músicos implicados le tengo ganas, … pero con calma, primero están Pink Floyd y Dream Theater para escuchar a fondo xDDD
Saludos!
Lo escuché hace un par de semanas y me pareció interesante pero no hubo nada que me llamara especialmente la atención. Gavin me pareció muy comedido y Åkerfeldt igual, me da a mí que Moore es tirano a saco.
Le daré más escuchas, claro.
Yo creo que Moore más que tirano es sosainas xD De todas formas esta música pide sobriedad, así que tal enfoque no me resulta desacertado. Pero préstale especial atención al tema que menciono, “Microburst Alert”. Verás que gustazo es dejarse llevar por el trabajo de Gavin.
Pues a mi el disco me encantó y le di bastantes escuchas hace un tiempo. El enfoque sencillo y frío de Moore me cuadra mucho y el conjunto global es coherente. No veo por qué Gavin Harrison tiene que brillar allá donde vaya haciendo virguerías. Realmente brilla aquí al hacer un trabajo notable: deja transpirar su estilo y aporta al conjunto lo que este disco pedía.
Y Microburst Alert es mi favorito del disco, esas ediciones en los sintes, reminiscentes en cierta medida de Frost*, son deliciosas.
Xelerad, un tío sensato y con gusto.